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Ella subió corriendo la escalera ¿cuántas veces lo había hecho antes? ¿cuántas veces desde que era niña que había corrido a esconderse en su habitación? sin embargo ahora todo era diferente. Esta vez no podía esconderse.
Rauda entró en su habitación, cerró la puerta y se paró detrás mientras sus padres se apresuraban en llegar hasta la aquella barrera que los separaba. Miles de veces se le había pasado por la cabeza este momento y sin embargo nunca creyó que realmente pasaría. Una y otra vez había pensado en como sería, planificado cada una de las acciones, cada una de las cosas que haría y diría, reparado en cada uno de los detalles como el más laborioso de los artistas y a pesar de eso ahora que sucedía no era como se lo había imaginado.
Reflexionó un breve instante en como había llegado a suceder todo esto, mientras afuera sus padres golpeaban con desesperación la puerta.
Por un instante todo se tornó anacrónico. Se miró las manos. Ahí estaban como siempre, sus delicadas manos con sus delgados dedos que por largos 25 años había utilizado diariamente en cada uno de sus propósitos. Miró su cuarto un segundo eterno mientras los golpes apagados de los puños de su padre en la puerta, el desesperado movimiento de la cerradura y los gritos de su madre armonizaban la escena que corría en cámara lenta.
No sabía por qué, pero sabía que ese era el momento. Nunca más volvería a estar lista. Ese era el momento.
Sin apartarse de la puerta metió la mano a su mochila para buscar lo que siempre supo que sería. Sacó su mano cargada y la llevó a su boca, mientras pensaba que después de todo no era tan malo lo que estaba pasando.
Escuchó una vez más la voz de su padre y de su madre mientras su dedo se desplazaba suavemente para presionar por primera y última vez el gatillo.
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Y un día desperté y salí volando por la ventana. Nunca más volvería a mi hogar, nunca más volvería a ver a nadie de los que formaban mi antigua vida y a pesar de que era algo que sabía sin tener una razón todo el tiempo estuve muy seguro de ello.
Volé miles de kilómetros y centenares de millas, recorrí un puñado de naciones, naciones ultra marinas cubiertas por el polvo de los años, perdidas en la inmensidad de la imaginación humana, viajé por lugares donde el tiempo había dejado de transcurrir y todo seguía siendo como había sido desde que sus habitantes tenían memoria. Transité por interminables montañas que se alzaban colgadas del cielo y sentí el frío abrazo de un par de polos que jugaban a las escondidas tras una gran bola azul mientras una y pálida doncella los observaba.
Volé y volé y en volar encontré mi vida, volando supe que nunca fui un hombre ni tampoco un ave, sino que era alguien que necesitaba volar, que cada vez que sentí ansias de hacer algo, de terminar con ese letargo que la vida nos inyecta, que cada una de esas veces que sentí ganas de salir corriendo a alguna parte o hacer algo grandioso, siempre era mi cuerpo pidiéndome que volara.
Al fin sabía lo que quería en la vida, ya no estaba más la sensación de que los años pesaban cada vez más en una espalda que día a día se cansaba de cargar con el peso del tiempo que se acumulaba. Volé tanto como pude, tanto como me fue permitido, hasta que un día encontré mi nido. Sin siquiera verlo supe que era mío, alguien lo había puesto ahí e indudablemente sabía que tarde o temprano llegaría a reclamarlo.
Me acerqué y vi que había un papel, lo tomé y leí “Ahora eres libre. Puedes seguir volando”. Me quedé y anidé por todo un invierno, nada fue como antes, ya había volado, ya no estaba intranquilo.
Durante todo ese invierno planté 2 árboles a fuera de mi nido, un naranjo y un durazno que seguirían ahí por tanto tiempo como quisieran. Escribí un libro con un cuento por cada año que estuve sin volar, por cada año que estuve preso de mis propias ansias. Finalmente el último día del invierno tomé el libro y lo dejé dentro del nido, escribí una nota y la dejé al lado del libro. Ese pequeño paraíso sería mi hijo y acogería al siguiente que descubriera que todo lo que necesitaba era volar.
Ahora mi vida estaba completa, ya había hecho todo lo que esperaba: había sido un hombre, había estado atrapado pero finalmente había volado, había conocido muchos lugares y había encontrado un nido, había plantado dos árboles, había escrito un libro y había dejado un hijo en la tierra. Mi misión estaba cumplida.
Alcé mis alas, volé hacia el horizonte y nunca más regresé.
Refulgente se aproxima el juggernaut azufre por las arterias de la gran máquina. Envanecido de su potencia se desplaza esquivando a las demás partículas. Con soberbia observa el grupo que a lo lejos espera y caprichosamente decide si se detendrá.
Esta vez se detiene y rápidamente todos se montan en el mordaz transporte que parte furioso a seguir con su camino, moviéndose de forma antojadiza en la gruesa arteria y sin reparar en los demás entes que se desplazan junto a él. De un lado a otro según su humor mueve su pesada humanidad de leviatán, mientras los demás deben intentar sobrevivir y sobrellevar su presencia.
Se aproxima otro grupo a lo lejos…esta vez los ignora.
Es momento de dejar a una parte de los que subieron antes. Molesto por la interrupción detiene su colosal engranaje, rápidamente y antes de que la bestia monte en cólera bajan quienes deben, luego se reanuda la frenética marcha.
Una y otra vez se repite el ciclo…otro grupo en lontananza, pero una vez más no se detiene. Una señal! se debe parar!…no lo hace. Un nuevo grupo aparece en el frente…se detiene ¿por qué paró esta vez? sólo su mente de monstruo contiene la respuesta y es algo que está dispuesto a llevar hasta su tumba.
Y así se repite la historia, inyectando con cada movimiento un poco de ira en el torrente sanguíneo de la gran máquina.
Llegamos al edificio sin saber realmente que esperar. La entrada era tan oscura como la noche que nos rodeaba, las sombras envolvían todo haciéndolo impenetrable e infinito.
Un segundo de pie mirando la entrada bastó para decidirnos, mientras entrabamos miré hacia el fin de la cuadra sólo para ver el reflejo oscuro de una silueta que nos vigilaba. Paredes verdes y olvidadas nos conducían a donde no conocíamos. Avanzamos por el oscuro pasillo, raudos y con decisión, sin mirar atrás, sin pensar. El edificio nos contemplaba mientras nos deslizábamos con agilidad por sus sombrías arterias.
Su pelo se agitaba al paso del aire, marcando las líneas de su pálido rosto con suaves tirabuzones de cabello. Lo único brillante que podía observar en el oscuro camino era la luz que reflejaba su dorado pelo. Su ropa negra parecía alimentarse de la noche, luciendo insondable e inalcanzable.
Cuando llegamos a una puerta se detuvo y volteándose dijo – llegamos, aquí es. Sus ojos verdes brillaron en la inmensidad, saturados de ansiedad y misterio. Tomó el pomo de la puerta con la mano izquierda y girándolo con determinación entramos en la habitación.
Vacía e inmensa yacía depositada en el edificio, como viejo y olvidado órgano del antiguo ser en que nos encontrábamos. En medio de la habitación había una pequeña mesa, cuadrada, no muy alta, y en encima una fotografía. Nos acercamos a través del longevo el piso de madera que no dudó en quejarse a nuestro paso, tomó la fotografía y la miró un segundo mientras yo frente a ella podía escuchar mis latidos rompiendo el silencio. Levantó la vista y me miró a los ojos. No fueron necesarias las palabras.
Salimos deslizándonos una vez más por oscuros pasillos. Una vez fuera ella me tomó por la cabeza y presionó su boca contra la mía – busca tus cosas – dije – yo voy por el resto – a lo que ella respondió – realmente nunca sabremos quienes somos, verdad?. Desapareció en la oscuridad, en ese momento miré una vez más hacia el final de la cuadra y el tibio reflejo de la sombra una vez más apareció ante mí. Aún nos vigilaban.
Me oculté entre las sombras y esperé. Cuando volvió subimos al auto y partimos sin demora, ambos sabíamos a donde debíamos ir.
Como sombras viajamos por la cuidad que a esa hora dormía profundamente, almas en pena que devoraban la distancia a toda velocidad. Llegamos sin tiempo ni espacio, la noche aún arreciaba alrededor. Al bajar del auto vi a uno de ellos escabullirse entre los edificios – he visto a varios – dijo ella.
Nos movimos con perfecta coordinación en una danza ejecutada miles de veces antes y afinada con cientos de años de evolución. Nuestros cuerpos caminaron y se trenzaron en una familiar vorágine de destrucción. Al final de la pétrea danza de muerte el brillo del fuego lo envolvía todo, su cabello se alimentaba del ardor de la luz que desgarraba la noche y sus ojos relucían ante la visión de la devastación.
Esta vez yo presioné mi boca contra la suya. Que nos queda? – preguntó con aire de decepcionada satisfacción – seguir buscando - respondí.
Las antorchas se movían rápidamente de un lado a otro, pasaban de mano en mano prendiendolo todo.
Con un sonido seco y un rapido movimiento terminó todo. Tres gotas rojas resbalaron por el metal frío y se precipitaron al suelo de madera de la habitación. Era el último, ahora sólo restaban las antorchas y el fuego, incendiando todo, destruyendo, devorando. Nadie estaba seguro de como habían llegado hasta ese punto y nadie estaba seguro de si en realidad esa era la última opción que tenían, lo único seguro era que todos habían decidido hacerlo. Todos habían decidido acabar con los demas y luego quemar la cuidad para que ni la más remota posibilidad de que siguiera existiendo quedara. Todos lo habían decidido, la culpa era de todos…y por eso todos eran inocentes…lo que es de todos no es de nadie, eso siempre ha sido así y esta no era la excepción.
Ahora no quedaba más que ver como se destruía la cuidad, como casas y tiendas eran devoradas por el fuego, como el esfuerzo se muchos años se tansformaba en luz y calor para luego dejar como único recuerdo una suerte de pintura rupestre del pasado. Todos reunidos observaron el espectáculo por largo rato, cada uno moviendo los hilos de sus mentes de diferentes formas, recordando, pensando, olvidando o tratando de olvidar. Es momento que salgamos de aquí – dijo Thomas. Él siempre tuvo algo de líder aunque nunca quizo serlo.
Las 27 personas arrastraron sus conciencias fuera de la cuidad, buscando un lugar donde poder esperar a que el infierno terminara, muchos buscando un lugar donde el infierno no fuera más que un mal sueño, un recuerdo de tiempos remotos, buscando un lugar al que pudieran pertenecer nuevamente.
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…habían transcurrido 3 semanas y ya sumaban 11. Tal vez no era mucho, pero a vista de cualquier persona eso representaba una inminente amenaza. En 2 semanas más podrían ser 30 y en un mes tal vez 100. Nadie iba a querer eso.
Las mentes de los demás estaban empezando a ver con recelo la pujante cantidad de personas que caían, salían con miedo a las calles pensando en que ellos podían ser los próximos, pero sin embargo la vida no se detenía, cada uno seguía yendo a su trabajo y haciendo sus deberes…y guardando en su mente siempre la idea de que en cualquier momento podía tocarles a ellos.
Esto estaba empezando a hacer tensos los ánimos de los habitantes de Rowtan, lo que a su vez hacía que cada vez miraran con más recelo a los otros. Era un círculo vicioso del que las autoridades de la cuidad no se hacían cargo, nisiquiera para dar una declaración llamando a la calma y la cordura.
Esto no esta bien, ya son 13. – dijo el Alcalde de Rowtan mientras paseaba ansionamente de lado a lado de su oficina con una expresión de preocupación en su cara – No creo que sea pertinente informar a la gente que el número sigue aumentando, lo único que podría lograr es sembrar una semilla de pánico en las mentes de los habitantes. Sin embargo todos tienen el derecho de saber lo que ocurre.
No lo haga por ahora Alcalde, aún es prematuro – dijo Neil Mayer, el asistente del Alcalde – esto puede ser nada más que un pequeño brote, nada más que un par de personas que no tuvieron el cuidado suficiente. Además aún no podemos dimensionar de lo que estamos hablando, sus declaraciones podrían provocar una ola de pánico que terminaría causando más problemas de los que podría evitar.
El Alcalde James Jacksmith siempre había confiado en el criterio de Mayer y hasta ahora nunca había tenido razones para no hacerlo. Se conocían hace muchos años, de cuando Jacksmith por primera vez llego al puesto de Alcalde, hace unos 15 años. Habían trabajado juntos desde entonces pasando por elecciones y reeleciones, y hasta ahora ninguno tenía por que quejarse.
Mayer siempre se había caracterizado por su buen criterio, sus consejos aterrizados y conciliadores, su carácter pasivo y su respeto por la gente. Jacksmith por su parte tenía la cualidad de siempre tomar las decisiones correctas (no sin antes consultarlas con Mayer y pensar muy bien las posibilidades), visionario y aunque a veces un poco arriesgado, siempre sabía sacar adelante las cosas y siempre era capaz de llevar a buen fin una decisión o un proyecto.
Eso le había valido el obtener 3 veces el cargo de Alcalde de la ciudad, un gran respeto y confianza de la comunidad.
CONTINUA…
Unleash the plague,
unleash the sorrow and the regret,
it brings misery, pain and embarrassment,
it brings the death of the hope.
With the caw of thousand crows,
in a symphony of despair,
a narcolepsyc lulaby of nightmares,
miseria cantare…
When it’s beyond repair
an ocean of bitternes and the everlasting regret,
the pay for a well done job,
a perfect work of destruction and desolation.
…y repentinamente salió corriendo con todo, dando el máximo que sus piernas le permitían. Corría como quien huye de la muerte, como el culpable que en despavorida desesperación huye del lugar del delito intentando expiar su crimen con distancia y anonimato. Así corrió largamente…una, dos, tres cuadras sin detenerse, sin el valor de mirar hacia atrás, sin saber a ciencia cierta en qué termino su sórdida y tan poco avezada empresa.
Deteniéndose lentamente mientras el impulso de la carrera se agotaba y la velocidad se reducía se preparó para mirar hacia atrás, preparado para ver algo que sabía que no le agradaría ver, pero que por ese instinto felino le era imposible no intentar observar.
Una vez recuperado el aliento y cuando ya se encontraba caminando normalmente se sintió determinado a voltearse y mirar…respiró profundo, apretó los puños, estiró y luego tensó los hombros, se imaginó a sí mismo volteando y mirando la escena, algo así como para situarse de antemano en lo que estaba por vivir y de tal modo tratar de hacerlo menos dramático. Finalmente se armó del valor suficiente y volteó, con los ojos cerrados pero abriéndolos justo un instante después de culminada la vuelta, intentando mirar todo lo suficientemente rápido como para no reparar mucho en los detalles de la escena y además para evitar recordar en profundidad una escena que en otro tiempo pudo parecerle dantesca, e incluso irrisoria y fantasiosa.
Rápidamente revisó el punto desde el cual huyó, mirando todo pero sin profundizar en nada.
Al principio no le pareció advertir nada raro, se sintió feliz, pensó que tal vez todo fue una exageración de su parte, probablemente producida por su falta de pericia en estas lides. Se sintió tranquilo, su cara recobró el color normal y sintió como nuevamente llegaba sangre a sus mejillas. Dio tres pasos hacia adelante cuando empezó a darse cuenta que algo no estaba bien…repentinamente sintió como una gota fría corría raudamente desde su cuello hasta la base de la espalda. Eso que tanto temía al parecer se había vuelto realidad.
Miró con cuidado hacia el punto desde donde había huido, avanzando lentamente, tembloroso. Tropezó un par de veces. Luego de 5 pasos se detuvo. Ya no cabían dudas. Sus temores se habían vuelto realidad. Ahí estaba inmóvil. Mirando perplejo y sin entender exactamente como había llegado a estar en esa situación, sin entender y sin poder recordar la serie de sucesos que lo llevaron hasta donde ahora se encontraba.
Al fondo de la postal que ahora observaba estupefacto se encontraba un hombre tendido en el suelo…inmóvil, inerte. Si bien se encontraba bastante lejos, la agudeza visual que desde niño lo caracterizó le permitía observar en detalla toda la escena, al mismo tiempo que sentía como el pánico se apoderaba lentamente de él con cada nuevo detalle que era capaz de reconocer.
El hombre estaba tirado de espaldas en una esquina, atravesado en la acera. Si bien no era muy viejo, las líneas de su cara y el semblante agotado evidenciaban el paso de los años…no más de 45 años pensó en la soledad de su desconcierto.
Sintió algo tibio en su mano derecha…sin darse cuenta de lo que hacía había salido corriendo con el arma en su mano y ahora la sangre se deslizaba desde el filo hasta su mano. Nervioso y al borde del espanto sacó su pañuelo del bolsillo de atrás del pantalón y limpió rápidamente su mano y el arma, luego sin perder tiempo la envolvió en el pañuelo y la escondió entre sus ropas.
Contempló alrededor para ver si alguien lo observaba…nadie a la vista. Levantó la vista y los vio…pardos, profundos, inexpresivos, cercados por 2 cejas bien definidas y por unas pequeñas ojeras que tal vez databan de mucho tiempo atrás y que sólo la costumbre de dormir poco logró hacer ver normales en aquel rostro que ahora parecía vacío.
Sintió nauseas y pudo percibir perfectamente como el estómago se negaba a tragar aquel sentimiento de culpa. Salió corriendo nuevamente…corrió hasta cuando se sintió desorientado, hasta cuando el cansancio fue más fuerte que la culpa, entonces se decidió a ir a su casa. Ahí nadie sabría lo que sucedía, nadie le cuestionaría la palidez de su rostro ni las pocas ganas de comer…ahí no habría nadie.
Desesperado corrió en dirección a su casa, necesitaba sentir cuando antes ese tibio abrigo de lo conocido, necesitaba sentirse seguro. Corrió a más no poder. Cada vez faltaba menos y cada vez se sentía más inseguro, cada vez tenía más miedo. Algo está por pasar – se dijo mientras corría.
Estaba a punto de llegar, a la distancia podía ver donde empezaba la calle que llevaba hacia su casa. Corrió más fuerte que nunca para poder llegar cuando antes, y al dar vuela la esquina sintió como su cuerpo impactaba secamente con algo. Adolorido y knockeado cayó sobre la acera.
Repentimente vio que una silueta se levantaba con ademanes imprecisos frente a él y se aproximaba ver como estaba. Las manos de la silueta le palparon el pecho como intentando averiguar como se encontraba. Una agradable sensación de sueño se empezó a apoderar de él, incluso comenzó a sentir una cierta tibieza en el pecho a medida que caía más y más profundo en el sueño, y a medida que una mancha roja se extendía desde el lado izquierdo de su torax.
Lo último que vio fue que la silueta urgueteaba algo entre sus ropas…sintió un fuerte dolor en el pecho y luego vio que la silueta se quedaba inmovil……y repentinamente salió corriendo con todo, dando el máximo que sus piernas le permitían. Corría como quien huye de la muerte, como el culpable que en despavorida desesperación huye del lugar del delito intentando expiar su crimen con distancia y anonimato…
Archivado en: Historias, Música, Presentaciones | Etiquetas: Historias, Música, Presentaciones, Radiohead, Tour
Toda una “aventura” la compra del ticket para ver a Radiohead…todo partió cuando por fín logré convencer a un amigo (Wolverenstein) para que fueramos a comprar los tickets el mismo día en que se ponían a la venta las entradas (estabamos viendo que se iban a agotar rápidamente).
Salí volando de la U a mi casa a buscar plata para comprar el tan ansiado ticket que me hiciera estar un paso más cerca de cumplir lo que ya casi era un sueño de 10 años…en los cerca de 25 minutos de viaje en micro a mi casa sentía las ideas chocar en mi cabeza, frenético pensaba miles de cosas más rápido de lo que era capaz de razonar…me bajé de la micro y raudo llegué a mi casa, busque la plata necesaria y salí disparado hacia un punto de venta.
Cuando llegué rápidamente fui al lugar de la venta a apreciar el panorama…al parecer todo tranquilo…me devolví a encontrarme con Wolverenstein que venía saliendo del metro y nos fuimos a comprar nuestros tickets…llegamos, subimos al lugar y sorpresa para mi cuando descubrimos que estaban dando números para comprar las entradas (primer acto estúpido de mi parte :B) y mayor fue la sorpresa al ver que el número que nos dieron fue ni más ni menos que el c97…había casi 300 personas antes de nosotros…ahí me dio un poco de miedo de no alcanzar a comprar mi entrada a golden circle (y lo importante, con el descuento de los 12000 primeros tickets :B).
Y así dieron las 5pm y fuimos a ver que pasaba…estaban armando una fila con la gente ordenada por el número…así que nos pusimos donde nos tocaba…1hr después no nos habíamos movido ni un sólo centímetro. Habían salido varias personas con unas caras de felicidad que daban envidia y me hacían estar más ansioso por sentir esa misma felicidad…pero la fila decía otra cosa.
Cerca de 1hr y 30 min después de que llegamos a la fila avanzamos unos 20cm…gran progreso…y seguimos pacientemente esperando. Lento se movía todo…amigos que venían de afuera me decían que la fila ya alcanzaba niveles impresionantes, salía del sector donde estabamos, se daba una vuelta por todo el 2º piso de la tienda, bajaba la escalera, se daban una vuelta por todo el 1º piso de la tienda, salía de la tienda y llegaba hasta la esquina de la calle (unos 3 locales más allá).
Cada vez más impaciente veía como muy lentamente me acercaba al mostrados que hacía realidad el sueño de muchas personas en ese momento. Pero lo hacía tan lento que en realidad no se apreciaba el milagro que estabamos presenciando.
A eso de las 6pm una de las empleadas del local empezó a decir que a las 8pm se cerraba la tienda como fuera…eso fue equivalente a sembrar una semilla de impaciencia y alarma que lentamente al calor de los 30 grados de la tarde y del encierro fue creciendo, hasta que cerca de las 7.30 los ánimos eran confrontacionistas, intolerantes y por sobre todo esperando la mas mínima provocación para explotar.
No quiero detallar exactamente como se dieron los últimos 15 minutos de porque estaría escribiendo aún más de lo que ya he escrito, sólo diré que a esa altura la gente no aguantaba ni que se acercaran a la parte de adelante de la fila, si te demorabas mucho en comprar te abucheaban y creo que vi a unas 10 personas indignadas pidiendo hablar con el gerente xD…y obtuve mi ticket como recompensa y no se que cara pusimos cuando compramos finalmente las entradas que la gente nos aplaudió al mismo tiempo que grité VAMO WEON!
La otra vez leí esto porque una amiga lo publicó por ahí…recuerdo haberlo leído antes, pero creo que en ese momento no me interesó tanto…supongo que ahora me tocó un poco más por lo evidente…
Leanlo y ojalá les deje algo…
“Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma, y uno aprende que el amor no significa acostarse y una compañía no significa seguridad, y uno empieza a aprender… Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas, y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos, y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes…y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad. Y después de un tiempo uno aprende que si es demasiado, hasta el calor del Sol quema. Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores. Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno es realmente fuerte, que uno realmente vale, y uno aprende y aprende…y con cada día uno aprende. Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado. Con el tiempo comprendes que solo quien es capaz de amarte con tus defectos, sin pretender cambiarte, puedes brindarte toda la felicidad que deseas. Con el tiempo te das cuenta de que si estas al lado de esa persona sólo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás no deseando volver a verla. Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados, y el que no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado solo de amistades falsas. Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en un momento de ira pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la vida. Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es solo de almas grandes. Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente, muy probablemente la amistad jamás volverá a ser igual. Con el tiempo te das cuenta que aunque seas feliz con tus amigos, algún día llorarás por aquellos que dejaste ir. Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible. Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia a un ser humano, tarde o temprano sufrirá las mismas humillaciones o desprecios multiplicados al cuadrado. Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen ocasionará que al final no sean como esperabas. Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante. (…) Pero desafortunadamente, solo con el tiempo…”
Volando por sabores diferentes, refrescantes, tensos, hostigantes, fuertes…ambiente festivo, gran carnaval en torno a un único ídolo que se replicaba en cada esquina, con distintas formas, colores y aromas, pero que muy en el fondo seguía siendo aquel objeto de adoración y fascinación que convocaba a cientos de personas a saborear aquellos cientos de representaciones.
Una vuelta rápida y el ánimo resultaba contagioso, probando las primeras formas que aparecían antes nosotros, como niños pequeños en navidad ante un grandioso árbol lleno de regalos…no tardamos mucho en decidirnos a probar alguno de los brebajes que se nos presentaban…elección casi fortuita que no resultó desafortunada…
…saboreando nuestro descubrimiento recorrimos el lugar, descanzamos en la comodidad del pasto y contemplamos el ambiente…gente de un lugar a otro, todos perfectamente aprovisionados, algunos equipados casi con un aspecto profesional.
Una, otra y otra se sucedieron las dosis de las diferentes formas que tomaba el objeto de culto de aquella iglesia pagana que se mostraba imponente, poderosa e invencible.
Cuando el día culminaba y la oscuridad se había apropiado del lugar, el ánimo no parecía agotarse si no más bien transformarse…contemplando las últimas imágenes emprendimos el viaje.



